¡Menudo “momentazo” es ese en el que un cachorro llega a nuestra vida!

Es todo felicidad y bromas, siendo cómplices de juegos y trastadas, pero no debemos olvidar que es una etapa importantísima para ellos y tenemos que educarles y prepararles para todas las situaciones que va a tener que vivir a lo largo de su vida. Esta época marcará su personalidad y el comportamiento que presentará de adulto. El cachorro sólo quiere jugar con nosotros y explorar, no debemos regañarle ni marcarle demasiadas reglas, ya que no lo entenderá y se frustrará.

Tenemos que tener paciencia y enseñarle las cosas poco a poco, reforzando de manera positiva las conductas que sí que queremos que se fijen en él.

A continuación os resumimos los puntos 6  más  importantes a tener en cuenta en la educación de un cachorro y después entramos más en detalle en cada uno.

1 Momento de coger al cachorro: entre 2 y 2,5 meses es lo ideal y lo mejor es que haya estado con su madre y hermanos.

2 Ubicación: trasportín para dormir y relajarse.

3 Momento crítico de aprendizaje: el primero es entre los 2 y 4 meses. Tiene la capacidad de aprendizaje a tope, las experiencias que viva le marcaran de por vida, tanto para bien como para mal.

4 Gestión de miedo y estrés: llevarle ante el estímulo que le dio miedo de una manera segura para él y sin presiones. Para el estrés podemos comenzar con ir subiendo y bajando la intensidad del juego en función del nivel de energía del perro en cada momento.

5 Soledad: para evitar la ansiedad por separación o el aburrimiento debemos dejarle con los juguetes necesarios que le puedan entretener durante nuestra ausencia. También debemos fomentar en él la independencia, pero no pasarnos de horas de soledad, ya que aunque no tenga ansiedad, un cachorro sólo muchas horas mostrará conductas indeseadas por aburrimiento y cuando vuelvas a casa estará demasiado estresado para comportarse.

6 Mordida: que tenga sus juguetes aptos para morder, no dejar a su alcance objetos peligrosos o que no queremos que muerda y no arrancar de la boca lo que haya cogido, sustituirlo por algo suyo

Explicación

Mejor momento para coger un cachorro: la mejor edad es  de entre 2 a 2,5 meses. Antes de cogerle, debe  de haber estado con su manada perruna (madre y hermanos) con los que aprende las reglas básicas del lenguaje canino, inhibición de mordida, maneras y tipos de juegos y algo muy importante: una madre equilibrada enseñará a sus cachorros a gestionar las cargas nerviosas.

Ubicación: el cachorro debe tener un sitio privado en la casa donde dormir y alejarse del barullo cuando le apetezca, que pueda estar tranquilo y aislado en los momentos que él quiera. Lo mejor es tener un trasportín en una habitación que no sea de mucho paso y si es un lugar de paso, en el rincón más escondido. De esta manera está aislado de estímulos externos teniendo un lugar de relax. Debemos acostumbrarle a dormir allí solo y así asociará el trasportín a un lugar seguro y tranquilo, lo que nos puede ayudar a evitar la ansiedad por separación cuando nos vayamos de casa y a canalizar el estrés cuando vengan muchas visitas y el perro se alborote.

Momento crítico de aprendizaje: uno de estos momentos ocurre desde los 2 hasta los 4  meses más o menos. En este periodo su cerebro esta en su máxima capacidad de recepción de estímulos y una experiencia negativa puede cambiarle prácticamente de por vida. Aquí podemos incluir la importancia de no regañar o de no castigar a los cachorros de ninguna manera, ya que por temor aprenderán a evitar esa situación y en algún momento aprenderán a defenderse. Nosotros como propietarios debemos darle la mejor de las infancias y la mejor educación, para que sea un perro con capacidad de gestionar el miedo y el estrés y tenga las habilidades sociales necesarias para convivir en su entorno.

Debemos tener en cuenta que castigamos a los perros por conductas que para ellos son completamente normales, aunque para nosotros no lo sean, como por ejemplo oler una caca. Una de sus vías de comunicación es el olfato y debemos dejarle que olisquee los traseros de otros perros y los jardines que encuentre a su paso.

Para enseñarles lo mejor posible podemos ayudarnos de un clicker e ir construyendo y reforzando los comportamientos deseados e ignorando y desviando los indeseados. La desviación la haremos con una llamada de atención hacia nosotros cuando queramos que deje de hacer lo que estaba haciendo, no con un grito de regañina ni un azote. Simplemente le llamamos para que venga y le damos otra alternativa que les guste más o que satisfaga la necesidad que estaba cubriendo en ese momento.

Ejemplos prácticos: no queremos que se suba al sofá. Reforzar con clicker y premiar que nos espere tranquilo abajo, cuando se suba guiarle hasta el suelo y clicar cuando baje, así estamos fijando el comportamiento de esperarnos en el suelo.

Morder las patas de la mesa: en vez de arrancarle cogiéndole de la boca y regañarle, debemos ponernos a jugar con él con un objeto permitido y cuando ya haya captado su atención dárselo para que lo mordisquee en lugar de las patas.

Ayudarle a gestionar miedos y canalizar estrés:  en el momento en el que notamos que algo le da miedo (puede ponerse a ladrar, a lloriquear, alejarse, quedarse quieto temblando…) no debemos cogerle y acariciarle. Nosotros pensamos que le estamos calmando, pero en realidad su comportamiento se está viendo reforzado al recibir un estímulo positivo en ese estado de ánimo. Lo que debemos hacer es intentar llevarle ante ese estímulo que le dio miedo de manera pausada, a su ritmo, sin presionarle y hasta la distancia que él considere segura para poder olfatear y conocer lo que era.

En cuanto al estrés, los cachorros a veces se emocionan demasiado jugando y no saben cuándo parar, por lo que es importante que nosotros les ayudemos bajando la intensidad del juego e incluso cargándole un comando de relax o de fin de juego.

Soledad: Es un proceso que lleva algún tiempo, pero si comenzamos desde el día uno, en el que el cachorro llega a casa, será todo mucho más fácil.

Para preparar a nuestro cachorro para los momentos y días de soledad, hay que empezar por dejarle resolver problemas por sí mismo, que el cachorro se sienta seguro y no atosigarle con mimos y atenciones todo el rato. Ellos necesitan su espacio y que les dejemos actuar, para su mejor desarrollo. Cuando dejamos que un perro aprenda por si solo: resuelve su problema creando una estrategia que hoy le ayudó a sacar el peluche de detrás de la puerta, mañana le ayudará a acercarse al cazo que se cayó en la cocina y le asustó, pero pasado le ayudará a gestionar el miedo cuando, estando solo en casa, escucha el ruido del jardinero talando árboles.

No pasa nada si se frustra el solo porque no consigue su juguete a la primera, en este caso aprenderá a gestionar la frustración y además, seguirá intentando sacarlo creando habilidades y consiguiendo al final su mayor premio, que para él es el juguete, pero que en realidad es la satisfacción y el aprendizaje. Además debe tener su “cuevita privada” para dormir y para cuando él quiera alejarse a descansar lejos de los ruidos de la casa.

Mordida: Es algo que nos preocupa mucho  y por desconocimiento siempre terminamos haciéndolo a la fuerza. Los cachorros necesitan morder cosas, en primer lugar porque es una manera de conocer el mundo que les rodea, van probando que es esto y que es aquello y en segundo lugar por las molestias en el momento de salida y cambio de dientes. Lo primero que debemos hacer es ser conscientes de que tenemos un cachorrito que va a morder cosas y no dejar nada importante ni peligroso a su alcance. Tendrá sus propios juguetes para morder, de todo tipo de texturas y cuando muerda algo que no debe, en vez de regañarle o arrancárselo de la boca, se lo sustituimos por alguno de sus juguetes llamando su atención. Cuando le arrancamos algo de la boca le estamos enseñando que somos una amenaza para su supervivencia (además de poder hacerles daño en las encías), con lo que podemos generar en el futuro una agresividad por protección de recursos (NO POR DOMINANCIA) o por miedo al daño, que luego no recordaremos de donde viene. Y al castigarle o regañarle, aprenderá a evitar la conducta por miedo a esa reprimenda, pero es muy probable que el estrés que acumule en ese momento salga mediante otras conductas.

Aplicando todo estos conceptos, tendrás un perro seguro de sí mismo, tranquilo y con capacidad suficiente para gestionar situaciones nuevas y aprender de ellas.

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