Los comportamientos agresivos son una forma de expresar el miedo y el estrés.

Vamos a dejar de lado la dominancia y la territorialidad. Un perro que quiere decirle a otro perro "no toques mi comida" no le agredirá, le avisará con su lenguaje canino y el otro perro se irá tranquilamente, ya que evitan los conflictos en la medida de lo posible.

El comportamiento agresivo se puede dar ante los propietarios, ante otros perros o animales o ante personas desconocidas.

Tanto para evitar como para cambiar un comportamiento agresivo, lo primero que tenemos que hacer es fortalecer el vínculo con nuestro perro y demostrarle que sabemos entenderle. Vamos a sociabilizarle muy bien con el entorno y  fomentar en todo momento la independencia. También necesita saber solucionar y gestionar por si mismo los pequeños problemas que se le puedan presentar.

Los comportamientos agresivos van íntimamente ligados al miedo y al estrés acumulado. Un estado de miedo continuo genera unos niveles de estrés muy por encima de lo normal.

Pongamos un ejemplo muy común: nuestro perro nos coge todo lo que se cae al suelo y nos muerde cuando vamos a quitárselo. Este tipo de comportamiento hay quien lo denomina dominancia o agresividad territorial, pero no es así. Lo que sucede es que al perro desde pequeño se le han arrancado las cosas de la boca causándole dolor y se ha instalado en él el miedo a que le hagan daño. ¡Se está defendiendo, no intentando dominarte! Previamente nos ha avisado con su lenguaje corporal de que no le gusta (en este caso por dolor) que le quitemos las cosas. Hacen todo su repertorio de señales indicándonos que le da miedo, pero al no saber entenderles, nosotros seguimos obcecados en arrancárselo ¨porque es nuestro objeto y somos nosotros los líderes del perro¨.

El último aviso es gruñir y después de eso viene la mordida. Observemos como se queda nuestro perro cuando muerde. Se esconderá, se alejará mirándonos de reojo, intentará chupar la herida… está destrozado mentalmente, NO QUIERE MORDER. Después de esto, nosotros regañamos a nuestro perro, incluso le cae algún cachete y él piensa: “¿Por qué me regañas? te he avisado de que me haces daño”.

Cuando nos hace todo su repertorio de señales y nosotros, por desconocimiento, las ignoramos, ya no le queda más remedio que morder para decirnos que le da miedo o que le hacemos daño.

El estrés es otro factor importante. Perros que hacen deporte en exceso, tienen juegos de fuerza como tirar con el dueño de una cuerda, correr tras una pelota horas y horas o pocos paseos diarios hacen que los niveles de adrenalina y estrés aumenten en el cuerpo y son reactivos a cualquier movimiento rápido. En cuanto pasa un niño corriendo a su lado o una moto se van hacia ello.

Para esta reducción de estrés debemos cambiar los juegos por otros juegos de olfato y por juegos intelectuales o interactivos y hacer que el paseo sea más tranquilo, comenzando por un buen proceso de salida.

"Juegos de olfato e interactivos"

Como ya hemos comentado en anteriores artículos, el perro tiene que poder confiar en nosotros, saber que no le vamos a hacer daño y que le vamos a ayudar a superar sus miedos. Tiene también que aprender a confiar en sí mismo y esto forma parte de nuestro deber  como propietarios.

Agresividad

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